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Rubén
Busto Etxeberria, nació un 15 de marzo del año 1975
en Pamplona. No sabe muy bien cómo se le metió el
gusanillo viajero dentro de la cabeza, porque tanto el colegio en
el que cursó EGB, el instituto donde hizo BUP Y COU y la
Universidad de Navarra en la que pasó cuatro años
recibiendo clases de periodismo distaban apenas cinco minutos de
su domicilio familiar.
Eso sí, ha visitado con frecuencia una noble villa navarra
llamada Arellano, de donde es oriundo su padre y de la cual guarda
eternos recuerdos y amistades. Allí, sobre todo en la infancia,
las aventuras se sucedían continuamente y el descubrimiento
de sus geografías y los usos y costumbres de sus gentes fueron
luego transportados a otros lugares más lejanos, pero no
por ello más bellos. Su vecino, Alfredo, gran viajero ya
fallecido, también ha tenido su parte de culpa en esta afición.
En lo laboral podemos destacar su pericia con la carretilla elevadora
y en la colocación de grapas de sujeción de los tubos
de freno, experiencia adquirida mientras trabajaba en las empresas
Logística y Volkswagen en sus ratos libres de arduo estudio
universitario. Con esas primeras pesetillas ganadas (a lo largo
de varios años) logró convencer y ser convencido por
sus amigos y su novia para realizar los primeros viajes por el extranjero,
y cuando no, marchó solo en busca de 'conocimiento'. Rusia,
Finlandia, Israel, Jordania, Cuba, Iraq o Japón, son los
principales países que por el momento ha pisado.
Durante dos años se ha formalizado, desarrollando su profesión
periodística en la ciudad de Estella, en Navarra, en la que
ha trabajado en el Diario de Noticias y en la revista Calle Mayor,
siendo, según sus propias palabras "un adalid en dar
a conocer esa zona de Navarra, Tierra Estella, desconocida incluso
para los propios navarros".
Aficionado a la lectura y a cualquier clase de colección;
la fotografía ha desplazado en los tres últimos años
aquella faceta buscadora, de piedras y de todo tipo de útiles
antiguos que traía de cabeza a su madre, oriunda de la cercana
localidad de Arróniz en la que ha disfrutado varios años
de sus fiestas de septiembre. Además
de ésta, las otras dos mujeres de su vida son su hermana
y su novia.
Sólo queda decir que trata de dominar el inglés, su
única arma en caso de conflicto, debido a que los deportes
nunca han sido lo suyo, si acaso el ajedrez, o mejor las piezas
del juego, ya que su puntería es bastante buena como corresponde
a un 'chico de pueblo de fin de semana', en los últimos años
algo miope.
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