| De
nuevo en ruta (12 de septiembre 2002)
Madrid-Moscú,
dos aviones y dos rusas
Sabíamos
que la compañía aérea rusa, que habría
de llevarnos hasta Moscú, no solo era conocida como Aeroflot.
Los que ya habían volado con ellos, por cierto que conserva
el nombre y el logo con hoz y martillo de los tiempos comunistas,
también la denominaban Aeroplofff. El avión salió
de madrugada, y el bueno de Rubén esperaba la llegada del
compañero Reparaz. Juntos pasarían tres semanas, desde
Moscú hasta Pekín. Pero el viaje, por esas cosas que
a veces pasan, no habría de comenzar hasta la mañana
siguiente. El avión estaba lleno y faltábamos seis
pasajeros por subir. Cosas del overbooking, o algo asin.
Era
finales de julio y después de un par de meses de recuperación
en Pamplona, había
decidido reiniciar mi aventura, esperando que tuviese mejores resultados
que en el anterior intento, pero sin preocuparme demasiado, solamente
pretendía disfrutar del día a día
El
personal de Aeroploff se encargo de buscarnos un hotel para pasar
una hora, pero de paso nos endiñaron algo que no queríamos:
dos compañeras de viaje. Eran dos rusas, madre e hija, que
se habían quedado también sin plazas. Venían
de pasar las vacaciones en Benidorm y viajaban hasta Ekaterimburgo.
Así pues, nos hicieron n billete conjunto que nos obligaba
a no separarnos. Por su puesto las cosas no quedaron así
ya que al ir a facturar las maletas al día siguiente resulto
que solo nosotros teníamos confirmadas las plazas con Alitalia,
pero no las rusas. Esto no nos beneficiaba pues debíamos
viajar juntos. Repa, versado en varias lenguas, intento comunicárselo
sin que la noticia les afectara en demasía, pero como por
arte de magia aparecieron dos plazas y felizmente encaminamos nuestros
cuerpos y equipajes hasta el aeropuerto internacional de Semeretievo,
con una pequeña escala en Milán.
Allí
ocurrió un echo que en aquel momento no tuvo importancia
pero que unos días después pudo haber sido capital.
A la salida de la zona de chequeo de pasaportes del aeropuerto existían
dos lineas. Una era roja y abarrotada de gente para aquellos que
tenían algo que declarar. Repa y yo nos miramos y dijimos:
nosotros por la verde. Así que salimos tan pichis del aeropuerto
con nuestras tarjetas de declaración de bienes sin sellar.
Pasamos
esa tarde y todo el día siguiente en la ciudad. Lo justo
para hacer las visitas de rigor a los lugares mas emblemáticos.
Yo había conocido Moscú en el año 95 y ciertamente
estaba bastante cambiada, ya no eran tan reconocibles ciertos signos
de su pasado comunista. Los uniformes de los cuerpos de policía
llevaban el águila bicéfala en vez de la cruz y el
martillo, el metro funcionaba con tarjeta y no con las antiguas
fichas de plástico, se veían mas marcas, mas capitalismo.
Ay, que fue de aquellos rusos que dejaban las etiquetas de los precios
colgadas de sus gafas para demostrar que eran nuevas... En fin,
que de esta guisa el compañero Reparaz y el camarada Busto
llegaron a la plaza Roja. La juventud se divertía en los
alrededores tomando cerveza, grandes botellas. Había algunos
grupos callejeros improvisando, un ambiente muy hippie. Una de las
grandes sorpresas de la tarde llego cuando una bella joven paso
junto a dos de estos músicos y les soltó sendos besos
en la boca y siguió su camino. Se conoce que no tenia cambio.
Bueno, después de este mal chiste os diré que fuimos
a la calle Arbat, peatonal y una de las mas conocidas por sus tiendas
y restaurantes. Estaba en obras y no había grandes exquisiteces.
La
oreja de Lenin
Por la mañana nos reencontramos con la plaza Roja. Allí
había una gran cola de turistas deseosos de ver la momia
de Vladimir Ulich Ulianov, mas conocido como Lenin (que chulin soy).
Mi anterior visita se había producido con mi amigo Mikel
Annectopah. En aquella ocasión ambos nos fijamos en que la
oreja derecha del momificado estaba comenzando a deshilacharse Tengo
que dar fe de que en esta ocasión un equipo de Corporación
Dermoestética había pasado por el lugar poniendo cada
trozo de carne en su sitio. Fuera de la tumba hay diversas placas
con los nombres de insignes precoces soviéticos. Parece ser
que allí se pusieron sus cenizas. Entre ellas las de casi
todos los ex secretarios generales, Yuri Gagarin el astronauta,
Jhon reed, el periodista americano que narro la revolución,
y otros tantos cuyos nombres son indescifrables a menos que sepáis
leer cirílico. Ese día nos pidieron los pasaportes
dos veces por la calle. En ocasiones la policía (uno de los
tres o cuatro cuerpos diferentes que vimos) te pone trabas que se
solucionan con unos cuantos rublos bajo manga, aunque a nosotros,
todo hay que decirlo, no nos solicitaron dinero.
Después penetramos en el Kremlin, la fortaleza en la que
vivían los zares y donde se encontraba el politburo soviético.
Visitamos el cañón que nunca se disparo, la campana
que nunca sonó y algunas de las cinco iglesias ortodoxas
que allí se hallan. La visita es obligada y merece la pena.
Los grupos de turistas abarrotan el recinto. La troupe española,
siempre la mas gritona. 
Una vez en el exterior, descansamos un rato frente al monumento
ecuestre de Zhukov, martillo de los nazis en la II Guerra Mundial,
y junto al monumento que simboliza el Km 0 de todas las carreteras
rusas. Allí existe una de esas extrañas costumbres
que se dan en algunos países y que los guiris nunca sabemos
de donde vienen. La gente se ponía de espaldas al mismo mientras
arrojaban monedas hacia él. Un par de pillos las recogían,
casi antes de que cayeran al suelo.
Esa misma noche habríamos de montarnos en el Transiberiano...
Algunas
cosillas...
Si vais a Rusia, aseguraros de que al salir del aeropuerto o del
tren os han sellado la tarjeta de declaración de bienes,
aunque no declaréis todo el dinero que lleváis encima.
No os olvidéis de que por el momento, hay que registrarse
en las 72 horas siguientes de vuestra llegada, en una oficina oficial,
aunque algunos hostales y hoteles lo hacen también. Ver la
tumba de Lenin es gratis, pero no se permiten ni cámaras
ni bolsas. Podéis dejarlas en una consigna. Ésta,
obviamente, vale unos rublos. La otra opción, si vais varios,
es que entren unos y los demás se esperen con todo, y viceversa.
En todas partes podréis refrescaron con un helado, que aquí
tienen mucha fama y lo cierto es que están muy buenos. Siempre
que vayáis en verano.
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