TITULO EL TRANSIBERIANO, O COMO CRUZAR ASIA SIN BAJARTE DEL TREN

La estación de tren de Yaroslav, en Moscú, era el inicio de nuestro periplo sobre raíles que nos habría de dejar, cinco días después, en Ulan Bator, la capital de Mongolia. En nuestras cabezas conjeturábamos sobre si el tren seria moderno o antiguo, las camas comodas o no, si habría muchos turistas, que tal la comida, el traqueteo... La estación era un caos de personas y equipajes, además, como ocurre en muchos otros lugares, era el punto de reunión de toda una masa de vagabundos, locos, vendedores, transeúntes que, junto a los viajeros, conformaban una imagen poco atractiva de la misma. A pesar de esta concentración humana, la estación, dentro de su estética soviética, estaba bastante limpia. La aparición de varios grupos de extranjeros, nos hizo sospechar que nos hallábamos en el lugar adecuado. Efectivamente, en una pantalla apareció nuestro tren, con destino final en Pekin, que habría de salir a primera hora de la noche. Dieron las 10 y todavía la claridad permitía hacer algunas fotos de recuerdo del histórico momento. Y es que muchas veces a lo largo de los ultimos años habíamos hablado de la posiblididad de realizar este viaje, cuya principal característica es que te lleva de Europa al lejano oriente, atravesando solo un país, Rusia.

TRANSIBERIANO, TRANSMONGOLIANO, TRANSMANCHURIANO
Conviene en este punto de la narración hacer un pequeño paréntesis para informar sobre los diferentes tipos de trenes y sus respectivas denominaciones para que a partir de ahora no exista confusión. Nuestro
tren era el transmongoliano. Su destino final: Pekin. Para ello atravesaba Mongolia.
El transmanchuriano es el que acaba tambien en Pekin, pero llega a la capital China cruzando la frontera por Manchuria, más al este de Mongolia.
Finalmente está el transiberiano cuyo destino final es Vladivostok, en la costa rusa del pacífico. Los tres tienen, partiendo de Moscú, el mismo recorrido hasta Irkutsk, donde cada uno de ellos toma una ruta diferente. La llegada a esta ciudad, junto al lago Baikal, se produce el cuarto día de viaje.

LOS TIPOS DE VAGONES
El tren esta dividido en dos tipos de vagones, los de primera y los de segunda clase. La diferencia entre ambos estriba en que los de primera están ocupados por dos personas que además tienen la posibilidad de ducharse. Los de segunda los ocupan cuatro personas y tan solo hay dos baños para todo el vagón, compuesto por unos 8 camarotes. La ducha de los valientes es un tubo de goma atado al grifo de agua, fría por
supuesto.
En cada vagón hay un encargado/a, quién precisamente se encarga de repartir las sábanas el primer día, de avisarte si llegas a tal o cual estación en la que deseas bajar, de proporcionarte cerveza fría bajo
manga o de intentar echar a algún borracho de otro vagón que se cuele en éste. Esas son sus ocupaciones habituales. Pero incluso, en nuestro viaje, se dieron casos extremos, como el de aquel 'pasajero' que llego
un poco tocado a su camarote y el bueno del capitán Xu se encargo de meterlo en su saco de dormir. La comunicación con estos encargados fue minima ya que eran chinos y solo hacian gestos incomprensibles y
cuando acababan reían diciendo Okey!!.
Además en cada vagón hay un samovar. Se trata de un complicado termo que calienta agua y se alimenta de madera y carbón. El agua caliente sirve para todo lo relacionado con la alimentación, desde prepararse una infusión hasta hacerse la comida, ya que el principal alimento de muchos viajeros son los platos precocinados chinos a base de fideos y a los que sólo hay que añadir agua hirviendo para tomarlos.
El tercer tipo de vagón al que todo pasajero tiene acceso es el vagón restaurante. Nuestro tren, aunque era chino, llevaba un vagón restaurante ruso. La decoración era totalmente setentera, lo mismo que la carta, en cuatro idiomas. Aunque de los casi 50 platos que se anunciaban, el distinguido pasajero apenas podia elegir entre dos tipos de sopa y dos raciones.
La sopa estaba muy buena. Lo curioso venía con las raciones. Incluso pidiendo el mismo plato, las guarniciones que sacaban eran distintas, que si espagethi, que si verduritas, o un poco de arróz. Ahí, ahí, imaginación a pesar de la escasez. La camarera tenía muy mala leche y a veces sonreía, con el cigarro en la mano, mientras sus tremendas ojeras, cultivadas en noches y noches de aguantar a borrachos, se curvaban hacia arriba.

LAS PARADAS
El tren hace numerosas paradas. Por una parte estan las previstas, en ciertas estaciones uno o dos minutos, en otras, cinco o diez. En las principales estaciones veinte minutos. Aquí, incluso se puede bajar del tren y comprar algo de comer en los puestos ambulantes o a las mujeres que ofrecen todo tipo de guisos caseros y brebajes. Por otra parte estan las técnicas, como esperar a que pase un tren para utilizar su vía, las de repuesto de agua. Una tercera clase de paradas son las no previstas, como cuando atropellamos a una pobre vaca. La rueda del tren la corto limpiamente por la mitad. La parte trasera salio despedida, pero al delantera quedo enganchada a unos cables y hubo que sacarla a fuerza de riñón. Pobre bicho, aún tenía los ojos abiertos y la cara como de susto.

LAS EXPERIENCIAS
Supongo que cada una de las personas que realiza este viaje lo hace por unos motivos diferentes y que a pesar de convivir todos en los mismos habitáculos, las percepciones finales seran muy diferentes. La gente que utiliza este tren como una parte de sus vacaciones tambien va buscando diferentes cosas. Por lo que yo vi, en aquel tren hubo quien encontró amistad, amor, sexo, juerga, soledad, pelea, tranquilidad, diversión, decepción,discusión... Ni que decir tiene que el alcohol es uno de los elementos principales para quienes el tren es ocio.
¿Que se puede hacer, mejor que beber continuamente, durante cinco o seis días encerrado en un tren?