HONG KONG INHUMANO

La humedad de esta parte del país hacía que constantemente debieras estar bebiendo de tu botella de agua mineral. La vegetación era superlativa: frondosa y de un verde casi artificial. A pesar de ser un solo país, las autoridades chinas tienen una política muy especial respecto a Hong Kong a la que consideran un país dentro del propio estado. Los extranjeros pueden visitarla sin visado previo y los chinos deben solicitar un permiso especial para llegar allí.
Al principio de la cola en la aduana fui sometido a un experimento que se estaba llevando a cabo. A algunos de los aspirantes a visitar Hong Kong se les colocaba una pegatina amarilla. La función de la misma era saber el tiempo que cuesta atravesar el paso fronterizo. Ya en territorio de la ex colonia una amable chica te quitaba la pegatina y apuntaba los minutos (creo que fue una hora) de tu espera.
Entrar a Hong Kong supone el esfuerzo de realizar un cambio de mentalidad con respecto a la China de la que se sale. Para quién vaya desde un país occidental el cambio será menor, pero el clima, la comida, los horarios... harán que necesite de una cierta ‘aclimatación’. Un tren ultrarrápido, con indicaciones en inglés, te lleva en pocos minutos hasta un moderno intercambiador junto a la bahía, en el que puedes coger metro, autobús o ferry.
Fuera de la estación sucedía algo extraño. Decenas de personas permanecían en posturas de rezo o relajación. Estaban rodeadas de carteles y algunos de los presentes repartían unos cedes y panfletos sobre Falun Gong. Se trata de una secta prohibida en China, pero que en sus inicios tuvo la aprobación de las autoridades comunistas. Con decenas de millones de miembros, el gobierno Chino decidió prohibirla por miedo a que su poder se viese cuestionado y desde entonces las acusaciones de desapariciones y tortura a sus miembros han sido noticia en la prensa internacional. Precisamente en ese cede se mostraban algunas imágenes sobre torturados y varias demostraciones públicas de los miembros de Falun Gong en lugares señalados del país como la plaza de Tiananmen en Pekín.
El viajero de poco presupuesto ha de hacer un gasto extra en el alojamiento en Hong Kong. No por ello va a tener una mejor habitación. Es por esto que la mayoría de mochileros se concentran en dos o tres sitios de la ex colonia. Por unos 30 euros alquilé un cuarto de no más de 6 metros cuadrados en el que el baño estaba incluido. No había ningún tipo de ventana, pero al menos el aire acondicionado funcionaba y enfriaba y secaba el ambiente. Era un bloque de apartamentos semejante a un hormiguero. Desde la calle tan solo se veía la suciedad que colgaba de decenas de aparatos refrigeradores. Las viviendas habían sido divididas en habitaciones independientes y las que aún conservaban a sus propietarios originales eran talleres en los que se confeccionaban trajes y vestidos. En esto los indios eran los que acaparaban el mercado. Te abordaban por la calle ofreciéndote un traje a medida en pocas horas. Por cualquier esquina del edificio ardían los palitos de incienso puestos en los pequeños altares ubicados en algunos pequeños huecos de las paredes, a la altura del suelo.

De Kowloon a Hong Kong
Cruzando la bahía se llega a la isla de Hong Kong, que da nombre a todo el territorio. Para llegar a ella se parte desde Kowloon y se cruza la bahía, en ferry, o si no bajo el agua en coche, bus o metro. Y es que la ex colonia británica fue ampliando su territorio a lo largo de los años y de la primigenia isla pasó a ocupar otras circundantes y parte de la China continental. Es desde esta parte de donde se tiene la maravillosa vista nocturna de los rascacielos iluminados y los botes de transporte de pasajeros cruzando el mar en uno y otro sentido. La parte urbana de la isla de Hong Kong es una megalópolis donde el cemento, cristal y acero se combinan de diferente manera para dar lugar a edificios, calles, pasos elevados, pasos subterráneos, muelles, carreteras... todo concentrado. Los árboles, la hierba forman parte del entorno de tal forma que lo complementan, colocados de manera que no den sensación de inhumanidad. Incluso los pocos parques forman parte de la estructura urbana, como el de Victoria, a cuya entrada se pueden leer unos carteles con más de 10 prohibiciones como no conducir coches teledirigidos, no tumbarse en los bancos, no vender...
En esta ciudad cada cosa tiene su sitio y cada sitio su cosa. Limpia, pero con un olor especial producto del aire acondicionado y de las alcantarillas en verano. Multicultural, pero donde unos tienen el dinero (chinos y occidentales) y una gran pirámide de población les sostiene(asiáticos, sobre todo indios y filipinas). Segura, pero con decenas de prohibiciones, multas y policías. Cultural, pero solo en los espacios requeridos para ello. Y sobre todo comercial y capitalista. Sin duda se trata de una urbe que merece la pena visitar pero donde la vida se hace dura además de artificial.