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UN
ENCUENTRO INESPERADO
Mendimundi pudo conversar con Rosa María Calaf, la corresponsal
de Televisión Española para Oriente
Era
domingo y desde las siete de la mañana el calor era tan molesto
y pegajoso como estar tres días sin ducharte. El sudor salía
continuamente por los poros y hacía que la ropa formase una
unidad con el cuerpo. El llevar una mochila no ayudaba, pero por
lo menos se notaba el fresco al mover un poco de viento o pasar
junto a un aparato de aire acondicionado y enfriar ese sudor.
Las calles del centro de Hong Kong estaban inusualmente atestadas
de personas para ser domingo. Incluso había algunas calles
cortadas con vallas y se oía música rebotar por los
edificios. En mi guía no hablaba nada de que hubiese una
celebración, pero estaba claro que algo acontecía.
Cada vez eran más y más las mujeres que me encontraba
por la calle, en los portales, jardines, bancos, pasadizos... Casi
todas hablaban y comían, se acicalaban el pelo unas a otras,
se pintaban las uñas o maquillaban, se enseñaban fotos
o simplemente dormían. Todas aquellas mujeres pertenecían
al mismo país, se notaba un cierto aire de semejanza en sus
rostros, y estaba claro que aquel país no era China. Ya estaba
decidido a preguntárselo a alguna de ellas cuando se cruzó
una occidental cuyo rostro se me hizo conocido. Un pelo rojo con
un mechón blanco encima de la frente, a modo de tupé,
caminaba por uno de los pasos elevados para peatones junto a la
torre del Banco de China, actualmente el edificio construido más
alto del territorio. Se trataba de Rosa María Calaf, la corresponsal
de Televisión Española para Oriente, a la que tantas
veces había visto en los telediarios desde cualquiera de
los países de la zona, tan desconocidos por nuestra geografía.
Estuvimos charlando un buen rato sobre algunos reportajes que estaba
preparando, concretamente uno de Sri Lanka que unos meses después
vería en Pamplona. También sobre el trabajo de reportera,
los viajes, la vida, y me ofreció su hospitalidad y su ayuda
en el caso de tener cualquier problema. Fue ella la que me aleccionó
sobre las mujeres que pululaban por toda la ciudad.
Chicas
del Hogar
Rosa María Calaf me explicó que se trataba de filipinas
que trabajaban en Hong Kong como sirvientas. Ahora sólo había
180.000, pero ella había conocido hasta 300.000 en la ciudad.
Al parecer eran muy apreciadas por su limpieza, más parecida
a la nuestra que a la china, y trabajaban en casas de occidentales
sobre todo realizando todas las labores y en muchas ocasiones también
el cuidado de los niños. Hipotecaban
parte de su vida para ganar un dinero imposible de conseguir en
su país. Calaf me comentó que muchas de ellas tenían
diversas diplomaturas y otros estudios y que eran explotadas por
quienes las contrataban. Los domingos, en su día libre, ocupaban
las calles de la ciudad, se reunían, intercambiaban noticias,
bailaban y tenían toda la relación social que el resto
de la semana les era imposible. En alguno de los puntos más
céntricos de la capital era literalmente imposible pasar
sin tener que esquivar piernas, restos de envoltorios de comida
o bolsas con todo tipo de contenidos de las maids, palabra inglesa
por la que son conocidas las mujeres que trabajan de limpiadoras
y cuidadoras.
EL Peak
Tram
Una de las atracciones más conocidas para los turistas que
se acercan hasta Hong Kong es el Peak Tram. Se trata de un pequeño
tren de cremallera que eleva a los viajeros desde el nivel del mar
hasta la montaña más alta de la isla en un viaje de
10 minutos. Para el osado que trate de realizar el trayecto a pie
será mejor que lo intente al atardecer o muy pronto por la
mañana, debido sobre todo a la humedad, que se convierte
en una auténtica pesadilla en los meses de verano. Una vez
arriba, además del viaje en sí en el que el tren coge
una inclinación considerable, sólo merece la pena
la vista. Desde el atardecer hasta el anochecer la ciudad se va
encendiendo y aparecen millones de luces y carteles publicitarios
de todos los colores. La mejor vista no se da cuando se pone el
sol, sino minutos antes de este acontecimiento ya que es entonces,
con el firmamento convertido en una gran inmensidad color azafrán,
los barcos cruzando el mar, y las luces comenzando a encenderse
cuando se graba en nuestra mente uno de los paisajes urbanos más
espectaculares del mundo, enmarcado en un entorno natural generoso.
¿Hay
algo barato aquí?
Quien viaje hasta esta ciudad debe llenar bien la cartera ya que
la mayoría de gastos diarios son elevados y no por ello se
obtiene un buen servicio. Empezando por los alojamientos, donde
el más modesto cuarto en una pensión no baja de 30
euros. El transporte tampoco nos ahorrará dólares,
y es que es esta moneda la que circula en la ex colonia. Pero no
los dólares americanos, sino los de Hong Kong. En algunos
de ellos, los más antiguos, aun es posible encontrar la cara
de la reina Isabel II, como recuerdo de su más reciente pasado.
Uno de los pocos gastos asequibles en el viaje es la comida. Eso
sí, hay que buscar un poco y no tener ningún tipo
de pudor a la hora de pedir. Existen numerosos restaurantes rápidos
en los que por apenas uno o dos euros podemos saciar nuestro apetito
con un tremendo cuenco de caldo, con fideos, trozos de carne y algas.
Además puede que esté muy picante, o no... El hacerse
entender con el encargado para que nos lo sirva de una u otra forma
es ya otro problema que dependerá de la habilidad de cada
uno para solventarlo.
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