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Dos años
en Estella (28 de abril de 2002)
Estella,
la vieja Lizarra en la que durante dos años he trabajado
es la protagonista del primero de los artículos de este viaje,
que hoy, antes de salir, espero que se cumpla en toda su extensión
y en toda su intensidad.
Como periodista he tenido la oportunidad de conocer un poco la idiosincrasia
social de la ciudad.
En la vida diaria he disfrutado con el ambiente de la calle, el
mercado de los jueves, algunos personajes entrañables que
toda ciudad posee y de los que Estella también disfruta.
En lo cultural existe una gran oferta, aunque tal vez no se corresponda
exactamente con la demanda.
En lo político, política. Unos concejales que tienen,
en su mayoría, buena intención hacia su pueblo pero
poco nivel como oradores y en el debate.
En lo festivo, lo más positivo ha sido el saber del cariño
de sus habitantes hacia los festejos más tradicionales, aunque
en ocasiones puedan caer un poco en la exhibición: Procesiones,
bajadica del Ché, Pañuelada... Son fiestas que no
me gustan por ese mostrarse ante los demás en los que unos
participan y otros miran, por haber perdido el carácter popular
y haberse convertido en actos programados, (¿No se parecen
un poco a fiestas como el alarde o la tamborrada?). Por su parte,
me gustan los carnavales, la noche de Reyes, el ambiente de Navarrería,
los conciertos del gaztetxe...
Tal vez una de las cosas más tristes de la ciudad ha sido
el ver que la mayoría de los estelleses y estellesas viven
de espaldas al Camino de Santiago. Todos excepto aquellos que se
ven directamente beneficiados por el mismo. Honrosa excepción
es la de los Amigos del Camino y algunos otros vecinos.
Calles y
rincones
Me
gusta recorrer la ciudad un domingo a la hora de comer, cuando apenas
hay gente por sus calles, cuando estas parecen un decorado. La vieja
Lizarra ofrece de esta manera
la oportunidad de descubrir los pequeños detalles, los que
en los días laborables, o en los de fiesta y paseo por sus
calles, no son apreciados.
El frescor de la calle Mayor en verano, los olores a rancio y a
antiguo de los portales y algunas tiendas, los aleros de sus edificios
más vetustos, el proceso de restauración de muchas
edificaciones... 
También he podido conocer algunos lugares normalmente poco
conocidos los estellicas. Especialmente me gustó la vista
desde la torre de San Pedro de la Rúa a la que un día
pude subir junto a Raúl Vergarachea, el fotógrafo
de Calle Mayor que me a acompañado a realizar las fotos de
muchos reportajes, el interior de la iglesia de Santa María
Jus del Castillo, la cubierta y tejados de San Juan durante su restauración...
Si visitan Estella, acérquense a la biblioteca municipal
en la calle Ruiz de Alda, situada en un magnífico palacio
restaurado por el que merece darse un paseo (sin hacer mucho ruido).
Si tienen tiempo, siéntense en la zona de lectura y echen
un vistazo a alguno de los libros de la ciudad situados justo a
la derecha de la entrada (no podrán hacerlo a los periódicos
pues dejaron de comprarlos por falta de subvención). Si tienen
algún problema pregunten a las eficientes bibliotecarias.
PARA
QUIEN NO CONOZCA ESTELLA
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