FIN DE TRAYECTO EN BALI

El autobús se introdujo en la barriga del ferry que habría de transportarnos desde Java hasta Bali, apenas unos kilómetros de mar que separaban dos islas, y casi dos mundos.
El mar estaba muy calmado y el gran tonelaje del barco hacía que apenas percibiéramos el vaivén de las corrientes y las olas. Se ponía el sol en el oeste, en el océano Índico y tras doce horas de autobús solo pensábamos en una cama, lo más fresca posible, y en algo de comer. Eso sería en Sanur, una de las zonas turísticas de la isla, cercana a la capital, Denpasar.
La inflación había provocado que la vida para el turista fuera mucho más barata de lo habitual, y con el mismo presupuesto podías aumentar la calidad de su alojamiento así como la periodicidad de las comidas.
La vida en esa parte de la isla se centraba en los turistas, principalmente australianos, pero también europeos. Los pocos españoles que se acercan, o acercaban hasta esta parte del mundo lo hacían en su luna de miel, y principalmente a la parte más al sur de la isla. Restaurantes, piscinas, playas vigiladas, bares, todo un universo para el turista con mayúsculas que sólo busca diversión y hedonismo durante sus vacaciones.

LOS HUERTOS DE NUSA LEMBOGAN

A escasos 10 kilómetros de Sanur se encuentra un grupito de islas en las que el turismo es más escaso y apenas llegan algunos surferos y submarinistas saliendo de la aglomeración de Bali. Llegamos en un cascaron a motor y pasamos tres días en la pequeña isla de Nusa Lembogan. Manglares, campos de algas que cultivan sus habitantes y que luego sirven para la industria cosmética, peleas de gallos, y una comida no muy sana que nos provocó ciertos desarreglos intestinales.
A pesar del concepto que tenemos de Bali como el de un paraíso de sol y playa, estas últimas no son muy buenas para el baño. Llenas de corales, algas y rocas, la arena negra volcánica de las mismas es bastante escasa y el arrecife hace que los baños sin calzado sean peligrosos.
En una de las pequeñas poblaciones de Nusa Lembogan fuimos testigos de una pelea de gallos. Se trata de una de las aficiones más extendidas por todo el país. Los animales, de multicolor plumaje y larguísimas patas, luchan hasta morir. En cualquier lugar se forma un corro de hombres que empiezan a intercambiar billetes. Los animales son armados con una cuchilla de unos ocho centímetros, acabada en punta, como una pequeña navaja. Los gritos de los animales se confunden con los de los apostantes y los dueños de los bichos. Poco importa quien gane, ya que el que lo hace acaba con heridas tan graves que, o muere al poco tiempo o es sacrificado.

MONOS Y DIOSES EN UBUD

Ubud es una localidad situada en el interior de Bali. Entre campos de Arroz y una vegetación exuberante, muestra a la Bali cultural, la de las representaciones hindúes tradicionales (pues en la isla se practica esta religión), las artesanías de los pareos o batik, especie de faldas que llevan tanto hombres como mujeres, la pintura, las máscaras, las joyas... y los buenos restaurantes.
En uno de estos museos descubrimos la figura de Antonio Blanco, un español que llegó a esta parte del mundo a mediados del siglo pasado y se estableció. Dedicó su vida a la pintura con un estilo daliniano, y en la actualidad se conserva su casa y obra.
Los monos, animales sagrados para los hindúes, campan a sus anchas en diversas partes de la isla. Ubud acoge uno de estos parques en los que estos peligrosos animales hostigan a los visitantes en busca de comida y no dudan en morder o en robar los bolsos de los turistas.
En otro de los museos de la ciudad descubrimos un “interesante” y cachondo libro de visitas. En él los turistas de las más variadas nacionalidades dejaban escritas sus reflexiones sobre los cuadros y otros elementos de la muestra. A todas las nacionalidades sin excepción les parecía, en inglés, un lugar agradable, entrañable, magnifico o tal vez único. Los españoles utilizaban, en español, aquellos libros con otra utilidad, como libro de quejas haciendo notar las altas temperaturas y humedades del país, como tablón de anuncios dejando sus direcciones en las isla por si alguien quería llamarles, como diario de avisos para la pareja equis recordandoles que podían quedar esa noche para echar unas cervezas o simplemente para manifestar su desilusión porque “los tiempos han cambiado, me gustaba más la moda local antigua”, haciendo referencia a que en décadas pasadas, como mostraban los cuadros del museo, las mujeres de Bali no cubrían sus pechos.

FIN DE AVENTURA EN KUTA BEACH

Nuestros últimos días fueron de reposo y descanso en Kuta Beach. Se trata de la zona de un desarrollo turístico más salvaje y poco organizado. Miles de chiringuitos de todo tipo ofrecen todos los servicios necesarios, diversiones y alojamientos a precios económicos. Los australianos campan a sus anchas, y los occidentales en general, que han implantado en medio de Asia este engendro urbanístico y humano que, a pesar de todo tiene su encanto.


REGRESO ANTES DE TIEMPO

Aquellos últimos días de septiembre de 2002 finalizó mi proyecto de vuelta al mundo. En mi mochila quedaban todavía billetes que nombraban geografías increíbles: Australia, Nueva Zelanda, Isla de Pascua... Pero física y mentalmente me encontraba cansado. Había sido una bonita experiencia iniciada en Moscú y que habría de acabar en Kuta, Bali. Afortunadamente el recuerdo que me quedó fue el de un increíble atardecer desde la terminal de Denpasar, rumbo ya a casa, pocos días antes de que explotaran varias bombas y causaran la muerte de 200 personas.
El resto del trayecto... quedaba todavía en la imaginación, y en el sentimiento. Sin duda esos y otros territorios nos aguardan a todos los curiosos, inquietos e inconformistas en el futuro de nuestros días.